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Edadismo: qué es, cómo funciona y por qué a las mujeres les cuesta el doble.

  • Alicia Zurita
  • 8 jun
  • 4 min de lectura

Hay un ismo que no está en el vocabulario cotidiano de casi nadie. Y que sin embargo está en todas partes.


El edadismo — la discriminación basada en la edad — es tan habitual que ni siquiera lo reconocemos cuando lo tenemos delante. Es el anuncio que no te incluye. La crema que te promete "combatir" lo que eres. El comentario bienintencionado que empieza con "para tu edad...". La oferta de trabajo que pide candidatos "dinámicos y con energía" — que es el código para decir que no llames si tienes más de 45.


La Organización Mundial de la Salud lo define como el conjunto de estereotipos, prejuicios y discriminación dirigida a personas en función de su edad. Puede ser individual, institucional o estructural. Puede ser consciente o completamente automático.


Y en publicidad, es el agua en la que todos llevamos nadando décadas.



Cuatro formas en que el edadismo funciona en publicidad


El edadismo publicitario no siempre se presenta como un insulto directo. Sus formas más habituales son más sutiles — y por eso mismo, más difíciles de señalar y más profundas en su impacto.


La primera es la ausencia. Simplemente no apareces. No hay que decir nada negativo sobre ti si directamente no existes en el mensaje.


La segunda es la reducción. Cuando apareces, eres solo tu problema de salud, tu rol de cuidadora o tu relación con el tiempo que pasa. No tienes vida propia — eres la función que ejerces para otros.


La tercera es la corrección. Tu cuerpo es un error que un producto puede solucionar. Las arrugas no son historia vivida — son un defecto que combatir. El cabello gris no es una elección — es un descuido que corregir.


La cuarta es la infantilización. Se te habla como si necesitaras ayuda para entender el mundo. Como si la experiencia que tienes fuera un obstáculo en vez de una ventaja. Como si cuarenta años de criterio te incapacitaran para tomar decisiones propias.


Cualquiera de las cuatro duele. Las cuatro juntas construyen un sistema.



Por qué a las mujeres les cuesta el doble


El edadismo no funciona igual para todo el mundo.


Para los hombres, envejecer en publicidad tiene un recorrido: existe el hombre joven y existe el hombre maduro, que proyecta autoridad, experiencia o carácter. Las arrugas, en un hombre, son "rasgos". El pelo blanco es "distinción". El tiempo vivido es credencial.


Para las mujeres, ese recorrido no existe. Solo hay un estándar de belleza: el de la juventud. No hay "mujer madura con carácter". Hay "mujer joven" y hay "mujer que ya no es joven", que es la misma cosa que "mujer que ya no es interesante".


La investigadora Monika Wilinska lo formuló con precisión en 2010: en el discurso cultural, las mujeres envejecen más rápido que los hombres porque se las asocia a la juventud como condición de valor, no como atributo temporal. Lo que en un hombre es simplemente el paso del tiempo, en una mujer es una pérdida.


Susan Sontag lo había dicho antes, en 1972, en "The Double Standard of Aging": para los hombres, la cultura permite dos estándares de belleza. Para las mujeres, solo existe uno — el de la chica. La mujer no tiene a dónde envejecer.


Cincuenta años después, el análisis sigue siendo exacto.



Edadismo estructural: el problema que nadie ve porque está en el origen


Hay una razón por la que la publicidad reproduce el edadismo de forma tan sistemática. No es malicia. Es estructura.


El 59% de los profesionales de la industria publicitaria española tiene entre 25 y 44 años. Los directores creativos son, mayoritariamente, hombres jóvenes. La mujer de 50 años no existe en sus vidas cotidianas como referente de consumo ni de cultura.


No pueden representar lo que no conocen. Y como no lo conocen, reproducen los estereotipos que han absorbido durante toda su vida: la mujer mayor como personaje secundario, como problema a resolver, como fondo de decorado.


El edadismo en publicidad no es un sesgo individual — es el resultado lógico de una industria que excluye a las personas mayores de sus equipos creativos y luego se sorprende de producir comunicación que excluye a las personas mayores de sus mensajes.



Edadismo y dinero


Hay una dimensión del edadismo que pocas veces se nombra con suficiente claridad: su coste económico directo para las marcas.


La mujer mayor de 40 en España gestiona el 65% del gasto del hogar. Influye en más del 80% de las decisiones de compra familiares. Tiene mayor renta disponible que cualquier otro segmento porque, en la mayoría de los casos, ya no tiene hipoteca ni hijos dependientes.


Cuando una marca la ignora en su comunicación o le habla con condescendencia, no está tomando una decisión estética. Está tomando una decisión económica. Y esa decisión tiene consecuencias medibles en ventas, en fidelidad y en recomendación.


El edadismo en publicidad no es solo injusto. Es caro.


Y las marcas que lo entiendan primero tendrán el mercado más rentable del próximo decenio prácticamente para ellas solas.


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